sábado, 26 de mayo de 2018

Los premios literarios


     El tema del prestigio de los premios literarios entre los lectores está más que leído y hablado, cada vez que se otorga un premio (que últimamente viene siendo cada pocos días), salen voces críticas. Hablemos pues de los premios.

     Cabe distinguir en primer lugar entre aquellos que se otorgan a los libros ya publicados, que son los menos, y los que se otorgan en mitad de una larga parafernalia de supuestos secretismos a un título que aún no ha visto la luz. Y es que, en según que momentos, el lector no tiene claro si asiste a la concesión de un premio o a una suerte de disco con filtraciones incluidas que se ve orquestada con el único objetivo de captar atención y, de paso, un poco de publicidad gratuita.
     De estos segundos distinguiremos los que llevan un respaldo institucional de los privados. Es curioso además que en el caso de los primeros, su montante sea inferior al de algunos premios privados. Pero es en ellos en los que podemos centrar nuestras críticas, ya que si el premio viene avalado por una empresa privada, es lógico que los intereses a la hora de otorgar dicho premio, trasciendan lo literario.
Tenemos que tener en cuenta un detalle, y es que las editoriales y la cultura, aunque el pirateo nos haga olvidarlo, han de dar de comer a quienes trabajan en ello, incluidos los señores editores. Así que es muy lícito que un señor que tiene su empresa, valore a la hora de juzgar un título, no solo el mantener una calidad que le sostenga en las listas de ventas, sino también una temática o incluso un firmante, que ya parta con un punto de favoritismo entre un determinado porcentaje de los lectores. Entendido esto, es muy fácil comprender que la creación de Premios literarios tiene mucho de marketing ya que no son pocos los medios que se hacen eco de ellos y un título que hubiera podido pasar desapercibido hasta llegar a la mesa de la librería y depender únicamente del boca a boca, llega con un apoyo de prensa y medios que hacen que los lectores reconozcan el título a simple vista. De hecho, en más de un caso, son la puerta de acceso a grandes editoriales para autores hasta ese momento desconocidos que se deciden con más esperanza e ilusión que estadística a su favor, presentar su obra a cualquiera de ellos.

     Supongo que por eso que últimamente parece que cada mes se otorguen al menos un par de estos premios que van con una editorial detrás que ofrece al emocionado ganador, no sólo la oportunidad de ser leído (o no según algunas malas lenguas) por un jurado formado por escritores ya encumbrados, sino también la publicación de la obra por parte de la editorial y una cantidad económica que será entregada en concepto de adelanto sobre ventas del citado título. Es decir, que el ganador se ve con una novela anclada a la editorial que lo respalda y con un adelanto en el bolsillo, que eso no es un premio no lo olvidemos, que muchas veces se corresponde con un porcentaje inferior al habitual a restar por cada libro vendido una vez salga a la venta. Si a eso le sumamos que, asumido el baremo diferente que pueden tener estas empresas, es difícil creer que los libros sean leídos realmente, empiezo a dudar si el término premio viene a ser muy adecuado a este tipo de galardones que lo único real que otorgan al escritor que se los lleva es una visibilidad, y en muchos casos una tirada, muy superiores a las habituales. Supongo que para conocer bien esto, deberíamos saber hasta qué punto influyen los intereses en los jurados. Aquí que cada cual piense lo que considere oportuno en función de sus ideas y experiencias. Decía Caballero Bonald hace ya años, que "los premios no pactados, son los modestos" y esto tal vez sea cierto o sea una de las causas que más susceptibilidad generan en la credibilidad de aquellos premios cuyo montante se vuelve casi astronómico. siendo justo estos de los que más dudas tiene el público una vez se abre el sobre que da a conocer el premiado con el ilustre galardón. Quizás por eso, el Premio Goncourt dotado con 50 francos en su día y que hoy, pese a ser en euros, mantiene la cantidad equivalente, sea uno de los que más prestigio han alcanzado entre los lectores.

     Abierta la veda y con las susceptibilidades debidamente expuestas, ¿cuál es vuestra opinión sobre los premios literarios?

jueves, 24 de mayo de 2018

Un andar solitario entre la gente. Antonio Muñoz Molina


     "Escucha los Sonidos de la Vida. Soy todo oídos. Escucho con mis ojos. Escucho lo que veo en los anuncios y en los titulares de los periódicos y en los carteles y letreros de la ciudad. Voy viajando a través de una ciudad de palabras y voces. Las voces hacen vibrar el aire y llegan por mi oído interno al cerebro convertidas en impulsos nerviosos. Las palabras las oigo al pasar o cuando alguien se queda un rato a mi lado hablando por un teléfono móvil o las leo en cualquier lugar o en cualquier superficie hacia la que mire, cada pantalla. Las palabras escritas me llegan como sonidos de voces, notas que leo en una partitura, a veces queriendo distinguir varias palabras simultáneas, deducir las que no oigo porque se han alejado muy rápido de mí o porque las borra un ruido más fuerte. Las diferencias en las tipografías forman una incesante polifonía visual. Soy una grabadora en marcha, oculta en el teléfono futurista de un espía de los años sesenta, en el iPhone que llevo en el bolsillo. Soy la cámara que quería ser Christopher Isherwood en Berlín. Soy una mirada que no quiere distraerse ni para un parpadeo. El bosque tiene oídos, dice al pie de un dibujo del Bosco. Los campos tienen ojos. En el interior del tronco hueco de un árbol fosforecen en la oscuridad los ojos amarillos de una lechuza. Un árbol corpulento tiene dos orejas grandes como de elefante que casi rozan el suelo. Una escultura de Carmen Calvo es un gran portalón viejo de madera tachonado de ojos de cristal. La puertas tienen ojos. Las paredes oyen. Los enchufes oyen, dice Gómez de la Serna".

     Decir a estas alturas que me gusta AMM es algo repetitivo ya que cualquiera que pase habitualmente por mi blog, lo sabe. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un andar solitario entre la gente.

     Antonio Muñoz Molina lleva tiempo introduciendo en sus libros un componente más privado, más introspectivo, casi reflexivo. Era ya patente en su anterior libro, en el que recordaba una época en Lisboa en la que escribió una de sus novelas más conocidas, y en este su último título lo es aún más.
La editorial nos habla de novela literaria y nos deja esa confusa sensación de quien no termina de comprender las diferencias entre las mil subetiquetas que van surgiendo en el panorama actual. Bien, leído el libro, yo afirmaría sin duda alguna, que no estamos ante una novela.
     Lo primero que me parece interesante es el concepto paseo, ese caminar sin rumbo fijo por el simple placer de caminar por la calle con la mirada perdida saltando de un foco a otro, disfrutando del momento. Algo que sin darnos cuenta hemos ido perdiendo, caminando siempre con un destino marcado y muchas veces con el tiempo justo. Y, por supuesto, inmersos en nuestras vidas y teléfonos, sin darnos cuenta de qué o quién nos rodea. Y en eso se basa AMM. En un narrador que sigue a un paseante cualquiera en una ciudad cualquiera y se va fijando en cada letra, en cada señal, cada camino. No llegamos a conocer su nombre, ni el del paseante, ni necesita decirnos la ciudad o caminos que toma cada vez, pero tampoco importa porque todos paseamos sin fijarnos por dónde caminamos. Solo que el autor se luce sacando toda su sabiduría literaria y comienza a hacer pasar ante nuestros ojos la literatura ajena, Pessoa, Whitman, todos escritores, todos observadores reales o imaginarios de sus propias ciudades literarias.
     Poco a poco nos vamos encariñando con ese narrador que nos dice en qué se fija y lo que nos perdemos, que nos enseña esos pequeños placeres en los que no reparamos y que tal vez fueran los que él un día olvidó.

     Todo esto es el libro de AMM, inclasificable porque no es una novela, y tampoco es un ensayo, es más bien el monólogo de un cerebro ágil que se deja divagar página tras página convirtiendo la lectura en una delicia estilística no apta para todos los públicos. No por lo complicado, sino por la deriva y es que hemos perdido el placer de leer por el simple hecho de disfrutar de las palabras. Parecemos necesitar que algo sea rápido, o mejor trepidante, que enganche y le damos un plus en nuestro smartphone si es adictivo... y  aquí el autor, al igual que su narrador, se ha dedicado a una literatura para paladear, para reparar en las formas, en las frases largas, los párrafos con esos tonos tan personales que el autor ha sabido ir cultivando en el tiempo. Tal vez por eso hoy mi fragmento se ha extendido más allá de lo habitual. Pero cuando a una le gusta la voz que habla, lo que menos desea es silenciarla.

     Un andar solitario entre la gente es una joya en sus formas capaz de hacer disfrutar a cualquiera que se atreva a dedicarle su tiempo. Hay muchos autores, pero no tantos escritores: Antonio Muñoz Molina, lo es.

     He confesado con poco pudor que me gusta mucho AMM, ahora vosotros, ¿podéis decirnos un escritor que os guste por encima del resto?

     Gracias.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Historia de la violencia. Édouard Louis


     "Así que, unas horas más tarde de eso que la copia de la denuncia que guardo doblada en cuatro en el cajón llama tentativa de homicidio, salí de casa y bajé la escalera".

     Siempre me han atraído los segundos libros, aquellos que se publican tras un gran éxito ya sea de ventas o de crítica. Incluso más si el éxito es de ambas cosas. Porque es ahí donde el escritor se la juega, donde intenta no ser aplastado por su anterior éxito. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Historia de la violencia.

     En esta novela el autor nos relata como en las Navidades de 2012 volvía a casa tras una fiesta cuando conoció a un hombre llamado Reda. Hablaron y le invitó a su casa. Horas después, este hombre le atacó, le violó e intentó estrangularlo.

     Al igual que en Adiós a Eddy Bellegueule, Louis nos habla de un hecho que le sucedió a él. Él sufrió una agresión y, de hecho, su agresor fue detenido cuatro años después del suceso y estaba en la cárcel aún mientras Louis hablaba de ello en este libro. Y, como suele ser habitual, han salido voces poniendo en duda su historia. Algo terrible y habitual que, a buen seguro, daría para muchas horas de conversación.

     En su novela Édouard da voz a su hermana e incluso al propio agresor para relatar lo sucedido. Una mirada hacia esa terrible noche en la que se trata desde la denuncia hasta los sentimientos posteriores en un libro que evita premeditadamente que el origen del agresor sea utilizado. Además no escribe de forma lineal sino que esos sucesos se ven fragmentados tanto por las voces como por los recuerdos a pedazos, y es casi imposible no tener la sensación de disección. Además, y pese a que haya más voces e incluso el propio Édouard se vaya alzando, el personaje de la hermana, Clara, es crucial en esta novela que arranca cuando el autor escucha de forma furtiva una conversación entre ella y su marido sobre lo sucedido. Édouard no encuentra la comprensión y el cariño en una hermana que parece dedicarse a hacer monólogos incapaz de mantener una conversación cercana con él. Y Louis aprovecha este suceso para diseccionar la violencia, la sociedad e incluso a él mismo. No podemos evitar sentir que busca un origen en lo sucedido esa terrible noche, y que lo hace no solo en su agresor sino en toda la sociedad. Pero no nos confundamos, Louis no está escribiendo sobre el perdón y ese tipo de comprensión piadosa que es tan habitual en los libros: comprender no significa perdonar.

     Estructuralmente ha jugado no solo con las voces o los saltos, con el lenguaje culto o muchísimo más vulgar de su hermana, lo que me ha gustado de verdad es descubrir las interrupciones que el propio autor realiza. Todo ello, además de un realismo palpable, otorga a la novela una veracidad y continuidad que dudo mucho hubiera podido lograr en el caso de limitarse a una narración lineal. Hace que, si bien evita mostrarse crudo, el lector llegue a estremecerse por todo los sentimientos que descubre la novela, consigiendo un efecto más contundente que en su primera obra.

     En Historia de la violencia Louis parece reafirmarse como un escritor de lo real y también de lo incómodo. Muestra realidades que muchas veces no miramos  prejuicios y situaciones enraizadas que se ocultan bajo las capas sociales más bonitas a a vista. Y vuelve a echar mano de eso que ahora se llama autoficción y que, reconozco, me gustaría que dejase de lado en su siguiente título. No los temas que trata, pero si ver como se expresa en un campo que no esté cercado por sus propias vivencias. en este caso estamos, no me cabe duda, ante una novela dolorosa.

     Y vosotros, ¿sois de los lectores a los que convence un buen libro o necesitáis más de uno para afirmar que os gusta un autor?

     Gracias.

martes, 22 de mayo de 2018

El último samurái. Helen DeWitt


"El padre de mi padre era pastor metodista".

     Vista la sinopsis tengo que reconocer que me sentí atraída por este libro desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, El último samurái.

     Conocemos a Sibylla, una mujer con una inteligencia extraordinaria, un trabajo precario y una vida un tanto disfuncional. Acude a una fiesta y conoce a un escritor famoso, no solo lo conoce, además tienen sexo y, el resultado de este sexo, es un niño llamado Ludo. Ludo posee una inteligencia extraordinaria y con 5 años es capaz de leer y manejarse en otros idiomas, siempre alentado por su madre, que cree poder aportar al niño mucho más que el sistema educativo, fomentando su curiosidad y su necesidad de saber. Sin embargo, hay un tema en el que la madre se muestra inflexible, Ludo carece de una figura paterna, ni siquiera conoce el nombre de su padre. En lugar de eso, intenta sustituir esta laguna poniéndole la película Los siete samuráis consiguiendo que marque el desarrollo de su hijo, un niño que, tarde o temprano, comienza la búsqueda de su padre..

     El último samurái fue publicada allá por el año 2001 bajo el título El séptimo samurái, ahora una editorial ha decidido darle vida de nuevo a esta novela. Una novela que la autora abandonó tras diecisiete meses de escritura y con una oferta sobre la mesa y que luego retomó, escribiéndola bajo el título El séptimo samurái pese a que cambió el título por el actual antes de que la novela viera la luz. Está claro que todo esto no es particularmente relevante para el libro, pero siempre me ha gustado conocer un poco la otra historia de las novelas, esa que no vemos en sus páginas.

     Estamos ante una novela de las llamadas Bildunsroman en la que somos testigos del crecimiento y desarrollo de un niño superdotado. La novela, que comienza mirando atrás en el tiempo y la familia de Sibylla, nos va dejando ver esa suerte de angustia que tiene una madre que descubre que la inteligencia de su hijo va más allá de lo normal, incluso de lo excepcional, y la responsabilidad que eso la echa sobre los hombros. La necesidad de proporcionar a ese niño las herramientas suficientes para que su desarrollo sea el adecuado y también cómo deja de lado el tema de la paternidad. Y sin embargo, el niño y su voraz necesidad de saber, van creciendo a lo largo de una novela que comienza con el foco centrado en la madre y que poco a poco va desplazando el centro de atención hasta que Ludo es el protagonista total y absoluto. Apenas nos damos cuenta del momento en el que el niño que aparece interrumpiendo a su madre se va adueñando de la historia, pero lo hace. Su desarrollo personal trasciende así al papel y nos involucra en su búsqueda de una figura paterna. Y si esto ya hubiera convertido a la novela en algo diferente, hay que añadir que somos testigos del avance del niño a través de sus logros, de la comprensión de idiomas, lecturas y de la siempre presente película de Kurosawa. DeWitt integra todo ello en la novela y además consigue que la lectura sea ágil y no se vea anclada en un mundo de referencias y traducciones que frenen la trama. Y eso en un libro que se llena de citas, idiomas, cambios de tipografía y de forma que, no solo aceptamos, sino comprendemos como necesarios para formarnos una opinión completa del mundo en el que vive y se desarrolla el personaje principal.

     Ludo, ese niño que, inspirado por la película, emprende con 11 años la búsqueda de su padre a través de siete padres potenciales. Hombres a los que se acerca y que resultan ser atractivos, peculiares o excéntricos pero que siempre están dotados de la fuerza suficiente en el conjunto del relato como para que sus historias vayan dejando alguna impronta en el niño. Y también una pequeña enseñanza sobre la paternidad o lo que debe de serlo.

     En El último samurái Helen DeWitt ha construido una novela excepcional. Y no es azar que haya utilizado la palabra construido ya que trasciende el argumento a las formas de este libro consiguiendo de este modo un "todo" que lo convierte en una novela redonda. No dejéis de leer a Helen DeWitt.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


sábado, 19 de mayo de 2018

Entrevista con Alfonso del Río


Fuente de la foto: twitter de Alfonso del Río
     La ciudad de la lluvia no es la primera novela de Alfonso del Río. En realidad es la segunda. Aunque la primera, Ioannes, se publicó en una editorial pequeña, sin repercusión, y hoy es casi imposible de encontrar. Así que para casi todos los lectores, esta ha sido la primera vez que leían algo suyo. Alfonso es abogado, padre, profesor en la Universidad del País Vasco y en la Universidad de Deusto. Si a eso le sumamos que le gusta practicar deporte, parece imposible que haya sacado tiempo para ser escritor. Con la repercusión que está teniendo La ciudad de la lluvia, es lógico que ahora muchos seamos quienes queramos saber un poco más de él, algo que le sorprende, según confiesa casi entre risas mientras recuerda una anécdota reciente en la que una persona le preguntaba por una actividad deportiva reciente que acababa de realizar ante la perplejidad de quien aún no es consciente de que su nombre está empezando a sonar más allá de su círculo habitual. La siguiente pregunta era lógica:

- Y la notoriedad en las redes, las menciones, los tuits, publicaciones, fotos... cómo lo llevas?
- Lo cierto es que no soy muy activo en las redes, me han tenido que ayudar un poco con eso y procuro ir mirando y hacerme con ellas y responder. Me gusta porque me permite saber qué opinan otros de lo que leen e intercambiar algunas pequeñas impresiones con terceros.
- Imagino entonces lo que ha supuesto que tu libro sea leído en la Yincana de twitter (una iniciativa a la que se apuntan lectores y participan tuiteando frases y pequeñas opiniones del libro elegido hasta finalizar su lectura y que está capitaneada por Kayena y tintaenvena).
- Si te digo la verdad estoy encantado. Me está dando la oportunidad de ver mi libro desde una perspectiva diferente. En mi caso, por ejemplo, desde que escribo la primera palabra de La ciudad de la lluvia hasta que lo doy finalizado pasan diez años. Es mucho tiempo y mucho trabajo para que la novela vea la luz. Luego llegan los lectores y te dicen "me ha durado dos tardes" y piensas; es genial... pero en el fondo también te queda algo de pena porque.. ¿dos tardes? De algún modo te hubiera gustado que les durase más, como si así pudieran disfrutar del libro más tiempo. Es complicado de explicar porque chocan esas dos sensaciones que te gustaría que el lector percibiera.
Ahora han llegado con la lectura en la yincana y, como escritor, estoy encantado porque me perite ir compartiendo cada momento de lectura, cada frase que escriben de la novela porque ha sido especial para ellos es distinta, algunas me sorprenden y todas ellas me están dando una perspectiva nueva de mi libro. Lo cierto es que, como experiencia, está siendo fantástica.
- Hablas de diez años para escribir esta novela, ¿me puedes contar un poco más cómo ha sido este tiempo?
- En realidad yo llevaba tiempo queriendo hacer algo. Era una sensación extraña porque sentía que me faltaba hacer algo que me hiciera sentir mejor, realizado, y no sabía qué era, me faltaba ese algo. Entonces un día escuchas a un escritor decir que escribe no por dinero sino por necesidad y sin pararme a pensar en más llegué a mi casa, crucé la puerta y le dije a mi mujer, con la que llevaba casado aproximadamente un año: ya sé lo que buscaba, lo que quiero es escribir.
Y así fue como empezó todo. De hecho recuerdo que mi primera frase era muy alambricada, algo así como "La neblina de la madrugada no era capaz de soterrar...." Una frase enorme, larguísima. Hoy hubiera escrito "amaneció" o, como en mi novela: "Es de noche". En aquel momento fue una amiga correctora, Amaia, quien me leyó y creyó en mi y en mis historias y me ayudó mucho.
Así es como llego a una primera versión de la novela y la dejo reposar porque al leerla me doy cuenta de que la historia está ahí pero hay algo que le falta y no soy capaz de saber qué hacer para solucionarlo. No estaba satisfecho con ella como lector pero e faltaban las herramientas necesarias como escritor. Es en ese tiempo en el que reposa La ciudad de la lluvia en el que escribo Ioannes.
- ¿En qué momento la retomas?
- En 2014, y ya no la dejo hasta ahora. completo la documentación, me informo a través de personas que conozco y que me dicen, por ejemplo, que para que un personaje tenga fuerza y verosimilitud, necesita una biografía completa, aunque luego no la utilices en la novela.
- Escribes una novela con dos hilos temporales que levan una fuerte marca en la historia, ¿cómo consigues escribir una historia en Alemania en los años cuarenta y que no se convierta en otra historia sobre nazis?
- Mi novela en realidad no es una novela histórica solamente, es una mezcla. aunque es cierto que está ambientada en tiempo pasado. La parte de Alemania necesitaba aligerarla precisamente para evitar eso, que se convirtiera en otra historia sobre nazis, y la única manera que tenía de conseguirlo era convertirla en un hilo más intimista. La visión y opinión de el Extranjero hacia lo que está sucediendo. Esas reflexiones que hace sobre lo inevitable... en realidad no es solo por conocerle, también estaba evitando una novela de guerra más. Porque no era ese el tema.
- Y con Bilbao pasa un poco lo mismo, el año 1983 es una elección valiente ya que, suceden tantas cosas en la ciudad, que corrías el riesgo de que el momento se comiera la trama.
- Sí, el año 1983 es un año clave para saber un poco más sobre Bilbao y sobre España. Uno puede leer la novela y salir conociendo un poco más de la historia, aunque reconozco que no meto mucho porque no quería parar la trama de la novela. Hay que buscar un equilibrio, pero uno no puede escribir una novela en la historia reciente de Bilbao y no elegir ese año, porque es un año que lo tiene todo.
- Hablas de la trama y del contexto, ¿esos son los ingredientes básicos para ti de una novela?
- Una novela está formada por la trama, el contexto o ambientación y los personajes. Todas las partes son importantes y hay que mimar a cada una de ellas.
Ahora parece que muchas novelas escribas "para enganchar" al lector hacen de la trama el elemento más importante descuidando al resto y permitiendo que se coma al contexto y también al personaje. Y se inventan cosas en el contexto y no pasa nada, pero yo le quise dar la misma importancia a todo incluyendo grandes dosis de realidad mezcladas con la trama y otorgando una vida propia a cada uno de los personajes de la novela.
- Esto seguro que te lo han preguntado muchas veces ya, pero, ¿por qué fútbol en una novela negra que no trata sobre fútbol?
- Soy socio del Athletic, pero no por ser un forofo del fútbol, sino porque me gusta esa idea romántica de la costumbre en las ciudades de seguir a su equipo. Son cosas que están metidas en nuestra sociedad y que, muchas veces, unen a la gente más que políticas y banderas. En el año 1983 las gentes de Bilbao estaban divididas y esa victoria del Athletic les unió, no podía no contarlo.
En cuanto a por qué incluir el fútbol, supongo que por esa necesidad de aporta algo. Yo no pertenecía al mundo literario y no había leído sobre un futbolista que hiciera de investigador, además conozco a gente dentro del mundo del fútbol como del Bosque que son personas cabales que se toman el reconocimiento popular que tienen como una responsabilidad y no como un privilegio. Y también quería poner un poquito de este tipo de personas  inteligentes y cabales en mi libro, mi pequeña aportación para la que he contado con la ayuda de del Bosque y Segurola. De todos modos, no es una novela sobre fútbol, como bien dices.
-¿Qué fue primero, la idea de la novela o la fotografía?
- La novela, la fotografía llegó después (pero esto no lo voy a desvelar aquí porque sería contar demasiado de la novela. Sin embargo quien lo haya leído entenderá perfectamente la pregunta).
- Por muchas cosas que hemos hablado me pareces un romántico, ¿lo eres?
- Pues no me lo había planteado, pero supongo que sí. Si quieres escribir un libro con alma, tienes que ser un romántico. Y si escribes porque sientes la necesidad de hacerlo, también, porque esa es la única forma de conseguir que tus letras transmitan algo al lector.
- He leído que donas parte de lo que recibes de las ventas de la novela, ¿me puedes explicar un poco cómo llegas a tomar esa admirable decisión?
- La tomo con mi mujer, como hago todo. Como decía antes, para mí escribir es una necesidad, algo que hago por mí y no por el rendimiento económico que crea que puede llegar a darme. Es evidente que quiero vender el mayor número de libros posible, por llegar al mayor número posible de lectores, pero no quiero depender económicamente de la literatura, porque ello significaría quizás perder esa parte que me aporta ahora escribir y que es cubrir el vacío que yo sentía antes de comenzar a hacerlo. Esa es la parte realmente importante para mí, escribir porque lo necesito, sin una fecha a la vista, sin convertirlo en una obligación. Así que mi mujer y yo nos sentamos y decidimos que una parte sería para el futuro de nuestros hijos y otra iría a Caritas y otros proyectos como la Fundación Síndrome de Down.
- Por último me gustaría saber qué estás leyendo en este momento.
- Estoy leyendo El libro de los Baltimore.

     Tengo que dar las gracias a Alfonso por su predisposición a hablar conmigo ya que en estos momentos está en plena promoción y hay ferias por todas partes con los compromisos que eso supone.
     Y gracias también a todos los que pasáis por aquí.

jueves, 17 de mayo de 2018

Amores contra el tiempo. Dolores Conquero


     "A lo largo de la historia, la mujer ha debido hacer frente a muchas situaciones injustas. Algunas, al menos en Occidente, ha logrado revertirlas con no poco esfuerzo. En pleno siglo XXI podemos ser dueñas de nuestra visa, ser completamente independientes, tener hijos sólo cuando lo deseamos. También podemos amar (en teoría) a quien queramos (...). Y, sin embargo, hay prejuicios que siguen ahí, más o menos soterrados pero listos para salir a la luz en cuanto nos descuidamos".

     Conocí este libro por recomendación directa y, como suelo hacer en estos casos, no tardé mucho en perderme entre sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Amores contra el tiempo.

     Amores contra el tiempo reune nueve historias de amor sin edad en las que la mujer era mayor que el hombre.

     Dice Dolores Conquero en la introducción de Amores contra el tiempo, que hay muchas situaciones en la sociedad que no son justas para las mujeres, y una lo lee y piensa: menuda novedad. Y es cierto que ahora vivimos en un momento de protesta contra machismos, micromachismos y discriminaciones basadas en el sexo, pero hay algunas que se nos pueden escapar. Y una de ellas, es la opinión generalizada que hay cuando una mujer se empareja con un hombre muchos más joven que ella. No nos engañemos, no está normalizado socialmente y no opinamos igual si es el hombre el que acaba con una mujer más joven a si es una mujer. En realidad, y esto ya es opinión propia, en cualquiera de los dos casos, la que sale malparada es la mujer, si nos atenemos a los comentarios habituales que se escuchan en la calle en estos casos.
     Conquero hace esta reflexión, a mi parecer acertadísima, para presentarnos nueve historias de amor contra el tiempo. Nueve casos en distintas épocas en las que el amor no miró calendarios y distintas mujeres se enamoraron de hombres más jóvenes que ellas. Compone con ellas un abanico de relatos históricos, con momentos conmovedores pero en ningún caso almibarados, en los que comprenderemos esos sentimientos que nacen entre las protagonistas.

     Comienza además, con  un beso, el que la joven de veinticinco años Diana de Poitiers, da en la frente a un Enrique de 6 años atemorizado que se agarraría a ese beso durante mucho tiempo y daría pie a un amor en el que la autora nos revela no solo los sentimientos, sino también las costumbres y diferencias entre los sexos y las clases sociales. De la historia de Victoria de Inglaterra ha mirado no sólo su amor, también su origen e incluso las habladurías debido a la posición de su amado/amante o amante/amado. Pero si una me ha sorprendido, ha sido la historia de Marie Curie. De ella conocía no solo sus logros, sino también el amor que sentía poor su marido y la desolación que sufrió al enviudar. Recuerdo además haber leído no hace tanto a Rosa Montero en La ridícula idea de no volver a verte sobre esa historia de amor y pérdida. Quién me iba a decir a mi que el consuelo de Curie, y de algún modo también el mío como lectora, llegaría meses después de mano del libro de Dolores Conquero. Quizás por eso esta ha sido la historia que más me ha gustado.
Encontramos también a Coco Chanel entre las páginas del libro y seguimos avanzando hasta Agatha Christie, Gala y su amado Dalí, la Pasionaria...  y es que estos amores en el tiempo son también amores que se van haciendo contemporáneos, algunos de sobra conocidos por casi cualquiera, pero vistos un poco más en profundidad.

     El resultado es no sólo un libro ameno que da detalles y curiosidades de nombres conocidos, ya sean realeza o no. Más allá de eso, es un recorrido por la historia ante una situación repetida que muestra también las reacciones y relaciones que se producen en los entornos cercanos de las que protagonizan cada capítulo. Amores contra el tiempo radiografía así una conducta, la de la sociedad que critica, frente a los sentimientos de quien ama. Y uno no puede evitar cerrar el libro con la sensación de que hay muchas cosas enquistadas en nuestra sociedad que ya ni siquiera percibimos pero que hacen que este libro lleve en su título un "contra".

     Me ha gustado leer a Dolores Conquero. Y me ha gustado leer sobre personas conocidas.

     Y vosotros, ¿preferís ficción o también os adentráis en libros que cuenten sucesos reales?

     Gracias.

martes, 15 de mayo de 2018

Lincoln en el Bardo. George Saunders


     "El día que nos casamos yo tenía cuarenta y seis años y ella dieciocho. Vale, ya sé lo que están pensando ustedes: un hombre mayor (no precisamente flaco, un poco calvo, cojo de una pierna y con dientes de madera) ejerce su prerrogativa marital para horror de la pobre jovencita... Pero eso es falso".

     Conocí a Saunder, como todo el mundo, por sus fantásticos relatos. Eso hizo que, en cuanto descubrí que había escrito una novela, me lanzase a por ella, y así fue que ni siquiera esperé a la traducción para descubrir lo que era capaz de hacer Saunders en este género. El resultado fue espectacular, tanto que he repetido lectura en castellano también en cuanto ha llegado a nuestro mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Lincoln en el Bardo.

    El 20 de febrero de 1862 Willie Lincoln, hijo de Abraham Lincoln, muere a causa de fiebre tifoidea. La nación está en guerra, una cruenta Guerra Civil, y sus padres están celebrando una recepción mientras su hijo se encuentra en el piso superior. Es evidente que, aunque fueran empujados a celebrar esa recepción, serían criticados por hacer una fiesta, no solo estando en guerra, sino con su propio hijo a las puertas de la muerte. Willie es enterrado en Oak Hill y allí será visitado por Abraham Lincoln, antes padre que presidente, para llorar su muerte sin saber que al hacerlo, está anclando a este mundo el espíritu de su hijo y los peligros que eso conlleva. El cementerio en sí es un patio lleno de espíritus que iremos conociendo.

     Empezaré explicando que la palabra "bardo" significa estado intermedio. De gran importancia para los tibetanos, para ellos es ese estado que se produce entre la muerte y la transición a una nueva vida. Por eso es tan importante explicar esta palabra para hablar de la novela, porque es el eje central, el Bardo en el que Lincoln se encuentra rodeado de espíritus que parecen no haber sido capaces de avanzar, de aceptar su propia muerte, y entre los que se encuentra su hijo, anclado a este mundo por el dolor de su padre. Y sin embargo es un libro que va mucho más allá de una novela de fantasmas, pese a estar plagada de ellos.

     Saunders parte en esta novela de una situación histórica real para sumergirse en un experimento literario extraordinario. Y eso que reconozco que siempre me aterra leer que una novela es un experimento literario. Si soy sincera, no encuentro una forma mejor de describir este. Y además me ha parecido un acierto el enfoque, ya que escribir sobre un personaje como Lincoln supone escribir sobre alguien de quien ya se ha escrito todo. Es necesario por tanto ofrecer algo nuevo que provoque que el lector sienta ganas de leer. Y Saunders no ha tenido miedo en hacerlo en esta novela que se llena de voces y citas mezclando sucesos y opiniones reales con otros ficticios para darnos una imagen de un hombre doliente en una nación que está pasando un momento igualmente doliente. No representa por lo tanto a un presidente admirado, sino a un hombre que sufre tanto en su faceta pública como en la privada.
     Juega el autor a convencernos en su fantasía casi delirante a que tras la muerte, si uno se queda en este mundo, la cosa se complica para el espíritu. De hecho, aquellas cosas que nos dejamos en la vida, se reflejan en el estado de nuestro espíritu. Y lo hacen con deformidades, con taras que pueden llenarnos de ojos o dejar a la vista aquello que no consumamos antes de morir. Y en el caso de los niños, en lugar de dejar que descansen en paz, inocentes, la consecuencia de quedarse en este mundo es incluso peor. Una terrible y dolorosa transformación es la espada que tiene el joven Willie sobre su cabeza sin que su padre lo sepa y sin que sospeche, ni mucho menos, la responsabilidad de su amor en ello. Quizás por eso, dos de los espíritus, los más importantes en la narración, llamados Bevins y Vollman intentan que Lincoln deje de acudir a ver a su hijo olvidando que son espíritus y no pueden ser escuchados.
      Vayamos ahora con el resto del "experimento" de Saunders. Tenemos entre mano un libro polifónico en el que todos tienen derecho a hablar y cada fantasma tiene su historia. Lo salpica además de notas y testimonios reales y ficticios de los sucesos en la época, consiguiendo con todo ello una suerte de retrato de grupo fascinante que se mete debajo de la piel del lector. Y es que no es este un libro fácil, pero si es un libro que se lleva dentro en el que cada testimonio se llena de detalles en los que podemos fijarnos para emplazar cada personaje en su contexto obteniendo con el retrato del grupo una visión completa de aquello que el autor nos está transmitiendo. Cada testimonio, a modo de aquellos cuentos que dieron a conocer a Saunders, es el relato completo de un fantasma, ya sea propietario de esclavos o soldado y ninguno de ellos parece librarse de un toque de humor negro, y también, por qué no decirlo, de la crudeza en las letras del autor.

     Por si no ha quedado claro me ha fascinado la lectura de Lincoln en el Bardo, una novela de apegos aunque no lo parezca y de duelos, de luchas tanto internas como externas que gira alrededor de la vida y a muerte situando la figura de uno de los presidentes más conocidos de Estados Unidos que se debate entre la desolación por la muerte y la necesidad de ganar una guerra que, como todas, estará llena de muertes. Podría decir mucho más sobre la novela de Saunders y es que, es uno de esos libros sobre los que uno parece no terminar de hablar nunca. Así que solo una cosa más: leedlo.

     Como comentaba antes, hay personajes sobre los que parece estar ya dicho todo y eso hace que muchos lectores sientan pereza a la hora de acercarse a ellos, ¿os sucede a vosotros con los libros protagonizados por nombres muy conocidos?

     Gracias.