lunes, 22 de mayo de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood


     "Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes."
 
     Hace 33 años, Margaret Atwood empezó a escribir esta novela, publicada y recibida con éxito. Hoy, 25 años después de su publicación por primera vez, y por obra y gracia de HBO, ha vuelto a ser noticia tanto el argumento como la historia, y por eso nos la podemos encontrar en las librerías con una cubierta mucho más moderna que la que aparece al comienzo de esta entrada y que colocaré al final. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, El cuento de la criada.

     En un futuro por determinar pero que no se antoja demasiado lejano, la sociedad ha dado un cambio hasta convertirse en algo irreconocible. A través de la voz de la narradora, descubrimos un mundo en el que la individualidad ha sido suprimida y a las mujeres se las divide y trata como internas uniformadas. Pueden ser esposas, o criadas y deben de ceñirse siempre al papel encomendado con sumisión. Nuestra narradora es criada, y nos irá relatando su vida unida a los recuerdos que le quedan de cómo eran las cosas antes de no poder conservar ni tan siquiera su nombre.

     Voy a separar, lo primero de todo, la serie del libro. En mi caso hablaré únicamente de la lectura, y lo advierto así porque hay una serie de diferencias que podemos percibir desde las primeras páginas o minutos. En primer lugar la ambientación: Atwood ambienta la historia en los ochenta, así que es imposible que la protagonista, nexo principal de unión con esa vida pasada que tanto nos recuerda a nuestra sociedad actual, tenga los mismos recuerdos que la de la serie, en la que se habla de términos modernos como app de citas y homosexualidad. Superado este punto, al que habría que sumar las diferencias de guión que hayan considerado oportunas y no desvelaré, el hecho de ambientarse en los ochenta o en el presente siglo no deja de tener una importancia casi residual en esta aterradora distopía social que Atwood nos presenta, y que muchos parecen empeñados en comparar con Hijos de hombres, pese a que la de Atwood es anterior.

     Atwood nos lleva a un mundo futuro en el que ha sucedido algo, que iremos conociendo, que ha provocado un profundo cambio en la sociedad. Una sociedad en la que la gran perjudicada es la mujer, aunque somos conscientes de que los hombres tampoco lo están pasando bien. Es curiosa la sensación opresiva que es capaz de transmitir al lector, en este mundo sin espejos, miradas a los ojos o nombres propios en el que las mujeres denominadas como criadas, son la base tanto de la perpetuidad de la sociedad, y al mismo tiempo las más alienadas. Vestidas de rojo, sin capacidad de opinión, ni siquiera nombre propio (hecho que la autora acentúa al privarnos del nombre de la protagonistas durante mucho rato y luego convertirlo en algo tan escueto como para lograr que incluso lo olvidemos), son obligadas a una sumisión total.
     Pero no hay solo Señoras o Criadas. También encontramos otros roles como el de tía, escalofriante sobre todo por la forma en que la protagonista la recuerda, que demuestran una crítica feroz a la tiranía de los regímenes totalitarios, ya sean militares, religiosos, sociales o una mezcla entre ellos.
Atwood no da las claves de todo, no nos dice cómo evitar llegar a algo así, pero sí nos habla de situaciones vejatorias que sabe existen o han existido en distintos rincones del mundo, y tal vez por eso es más escalofriante. Además evita en todo momento que su novela pueda ser calificada como, de acción, generando así un ambiente opresivo que martillea en la cabeza del lector, que empieza a pensar en la posibilidad de llegar a un mundo como el representado mientras mira de reojo las noticias de la prensa.

     La novela es buena, estupenda. La historia es interesante y la lectura por capas que se puede hacer de cada pasaje daría para muchas horas de charla. Y es que, por mucho que hablen de la crítica social de la novela negra, es en las distopías en las que muchos escritores cargan tintas. Me gusta Atwood, el terror de la posibilidad de un futuro puede obligarnos a mirar de otro modo el presente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


"Nolite the bastardes carborundorum."

viernes, 19 de mayo de 2017

Una librería en Berlín. Françoise Frenkel


     "No sé muy bien a qué edad se remonta mi vocación de librera, en realidad. Ya desde muy niña me podía pasar las horas muertas hojeando un libro con imágenes o un  gran volumen ilustrado.
     Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña."

     Los lectores somos un público relativamente sencillo de convencer, de hecho, a un altísimo porcentaje, le pones en el título de un libro cualquier cosa que tenga remotamente que ver con una librería, y allí nos tienes. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una librería en Berlín.

     Conocemos el testimonio, en primera persona, de la autora. Sale de Alemania en 1939, un lugar ya asfixiante, hacia Berlín, ciudad en la que abre una librería junto a su marido Simon Raichenstein, quien abandona la ciudad un año antes de ella. Con el partido nazi en el poder y las leyes raciales de Nuremberg la situación se hace insostenible yFrenkel acaba en Francia, un país que no le recibe mejor con la guerra ya declarada y en el que tendrá que esconderse. Finalmente, ya en 1943, Frenkel logra cruzar la frontera Suiza.

     Este libro tiene tantas aristas de las que hablar que me parecen interesantes, que voy a cuidar no alargarme mucho. En primer lugar el libro en sí, editado por primera vez en 1945, "Rien où poser sa tête", pasó desapercibido cayendo en el olvido hasta que lo rescatara Gallimard con prefacio de Modiano. Y fue por casualidad. Por otra parte tenemos la vida de la autora, íntimamente ligada a la trama del libro, ya que es una autobiografía. Frenkel nace en Pietrorków, estudia literatura en la Sorbona y se traslada a Berlín, fundando en 1921 la primera librería francesa junto a su marido Simon Rachenstein. Se convierte en una intelectual conocida y vive los años más difíciles de europa. Su libro, escrito a principios de los años cuarenta, ve la luz en 1945, momento en el que se pierde la pista de esta mujer de la que no se conserva una sola foto y cuyos herederos han sido imposibles de localizar, Sabemos que muere en Niza en 1975, los años intermedios siguen siendo un misterio.

     Una librería en Berlín ha sido el título elegido para la traducción al castellano de esta obra que tiene ecos de Némirovvsky. Y sí, es cierto que hay un testimonio de una intelectual cuya pasión por la literatura se desprende desde las primeras líneas, sin embargo, es mucho más que eso. Es la historia de una mujer que relata una epopeya a la vez que obliga al lector a hacerse preguntas a medida que avanza. Por ejemplo, la omisión de su marido al que apenas hace referencias, ha sido una duda constante para mi. La novela, porque pese a ser autobiográfica la podemos leer como una novela, está escrita con un cierto tono lírico que le da cadencia casi de poesía, pero sin empantanar la prosa con figuras que conviertan su lectura en algo arduo, ya que, más bien al contrario, lo más probable es que os dure como mucho un par de tardes. Como testimonio, es impagable, sobre todo y más que la época librera, me ha llamado la atención esa Francia de Vichy tan compleja en la que llega a depender de terceros, entrelazando historias personales que se adhieren al lector a medida que ella se esconde, huyendo en busca de un lugar en el que conseguir descansar... y vivir. Algo que en un momento dado parece dudar en una suerte de desanimado sacrificio. Así saldremos de esta historia conociendo un lugar llamado La Rosaraie, con una nítida imagen en la cabeza de lo que allí se encontraba.

     Me ha gustado, no carga las tintas en los dramatismos, algo bastante habitual en este tipo de testimonios, y deja un gran espacio para la bondad ajena. No hay odio, ira, ni resentimiento, y tampoco sentimentalismos en su testimonio, lo cual acaba siendo mucho más efectivo por la naturalidad de las palabras empleadas. Me ha gustado, la historia, la protagonista y también las formas en las que está escrito el libro. Y, si soy sincera, me gusta ese misterio que envuelve a Françoise Frenkel, espero que no se termine por desvelar.

     Y vosotros, ¿sois de esos lectores fáciles de convencer ante determinadas temáticas en los libros?

     Gracias.

jueves, 18 de mayo de 2017

Mal de piedras. Milena Agus


     "Abuela conoció al Veterano en el otoño de 1950. Era la primera vez que salía de Cagliari para ir al Continente. Iba a cumplir cuarenta años y no había tenido hijos porque su mal de piedras la hacía abortar en los primeros meses. Y así, con su sobretodo de corte recto, los zapatos altos con cordones y la maleta del marido -de cuando se había refugiado en el pueblo-, la mandaron al Balneario para curarse."

     Hay un cierto en canto en los libros cortos que nos tutean para dejar claro que no necesitan vestirse de páginas para convencer al lector. Y también lo hay en algunos títulos, que parecen esconder un significado oculto bajo una aparente sencillez poética que esconde en realidad lo cotidiano. Por todo esto me fijé en el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Mal de piedras.

     Conocemos a Abuela, porque este es el nombre que otorga la narradora a la protagonista de la historia. La que sería entonces Nieta, relata la vida de una mujer sarda nacida el siglo pasado en Cerdeña, que la fascinó con su belleza, su melena y sus peculiaridades en el carácter. Descubriremos que fue una niña lista a la que no se le permitió seguir estudiando, que llegó a casarse a esa edad a la que a una empiezan a tildarla de solterona y que sus extravagancias la hicieron pasar por loca durante mucho tiempo. No se enamoró de su marido pero fue enviada a un Balneario en el que conoció al Veterano, y esto sucedió porque tenía, como reza el título de la obra, "mal de piedras", que queda mucho más bonito que decir cálculos en el riñón.

     El recuerdo de una persona tiene algo de poético, de especial, y por eso el enorme acierto de escoger como narradora a una nieta fascinada por la figura de su abuela. Construída con frases cortas, la novela casi parece más una confidencia o un cuento que un libro propiamente dicho, y la ausencia de nombres, lejos de distanciarnos, nos acerca a los personajes que son nombrados desde el cariño de la familiaridad. Abuela se convierte entonces en alguien conocido a quien vemos rebelarse de una forma pacífica, que lamenta que el amor no le sea destinado ni siquiera al darle las buenas noches a un rudo marido con el que acuerda prestar los servicios de la casa de citas para ahorrar dinero. Abuela escribe entonces en su cuaderno, y la nieta desgrana la historia que esa mujer silenciosa, le fue contando. Porque Abuela, descubrimos, hablaba. O habló a lo largo de su vida con apenas dos personas, Veterano, y su propia nieta. Y vivimos entonces el enamoramiento de Abuela, y los cambios que le provocan, y también su regreso y el, por fin, nacimiento de un esperado hijo. En otro caso, pensamos a media sonrisa, nadie hubiera podido decirle a día de hoy, Abuela.
     Y sin embargo la novelita es mucho más, porque es en los gestos cotidianos de una vida cualquiera, en los que vemos la sociedad, la guerra, el fin de ella, el romanticismo vestido con una pata de palo, la vida inconforme, la vida interior. Porque trata de eso en realidad lo que Milena nos cuenta, de esas vidas interiores diferentes, personas que, como en un momento dado dice la narradora, crea Dios cuando se cansa de las normales. Y esa es la protagonista, aunque nadie la comprendiera en su época, y haya tenido que esperar a esa nieta para encontrar una aliada en su propia casa.

     Llegué con pocas ideas sobre la novela, pese a las buenas críticas, y la he disfrutado. Tiene un regusto agridulce en cada palabra, y también cierta inocencia incluso en esas escenas de casa de citas que en un momento dado nos describe.  Es un libro hermoso, que no bonito, aparentemente sencillo y de una sensibilidad fuera de toda duda para cualquier lector que decida acercarse.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros cortitos?

     Gracias.

martes, 16 de mayo de 2017

El ángel. Sandrone Dazieri


     "Los dos prisioneros que quedan en la celda hablan en voz baja. El primero trabaja en una fábrica de zapatos. Mató a un hombre mientras estaba borracho. El segundo era un policía que denunció a un superior. Se durmieron en la cárcel y se despertaron en la Caja."

     Conocí a Dazieri con el primer libro de esta saga, No está solo, y me gustó su planteamiento. Por eso no he tardado en hacerme con el segundo. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ángel.

     Un tren entra en la estación Roma Termini con un vagón lleno de muertos, en él entra la Subcomisaria Colimba Caselli quien, viendo los derroteros que toma el caso se pondrá en contacto con Dante, un hombre excéntrico que conoció a raíz de un caso con secuestros infantiles. El atentado, no podía tratarse de otra cosa, es reivindicado por el ISIS pero algo no parece encajarle a Dante, y comienzan a investigar descubriendo una mentira tras otra.

     Como comenzaba diciendo, No está solo me gustó. Ese dúo que tenía un vago recuerdo a Holmes y Watson, por lo excéntrico de uno, casi esperpéntico, y la mesura de la otra. Por las reflexiones, las pastillas esnifadas, la lógica personal y el ir contracorriente, me resultó muy atractivo. Este segundo libro comienza meses después de donde lo dejara el primero, meses en los que los protagonistas parecen haberse mantenido a una distancia prudencial el uno del otro antes de el reencuentro en los primeros capítulos del libro. Dazieri nos pone parcialmente al día, de tal modo que si uno ha leído el primero es estupendo y, si no lo hizo, tendrá unas nociones sobre lo que puede encontrarse si decide hacer la lectura, pero no se perderá en el que tiene entre manos.
     Sigue valiéndose de su profesión como guionista y utiliza imágenes de impacto visual con las que no necesita gastar páginas en largas descripciones para que el lector tenga muy claro lo que le están representando. Un ejemplo perfecto es la llegada del tren a la estación, al más puro ejemplo de un buque fantasma, en el que el lector es capaz incluso de imaginar niebla alrededor de las... no, luego cae, estamos en el siglo XXI. Pero el impacto está ahí y el autor sabe como aprovechar este recurso que parece tener a mano. Además, le viene bien, ya que la agilidad es una constante en esta novela que no deja un momento de relax. Pese a su extensión de casi 550 páginas, el autor no da tregua, encargándose de que siempre haya un foco de acción abierto, o un giro, una posibilidad... algo que mantenga a su lector entretenido. El resultado, como suele pasar en estos casos, es que cae en lo excesivo. Pese a que todo queda bien atado, cuando uno piensa en los dos títulos, hay demasiada "catástrofe" y el conjunto comienza a perder pie. Y es que, todos sabemos que la realidad supera a la ficción, pero también sabemos que en la ficción cuando la cuerda se tensa mucho, lejos de romperse, dejamos de sujetarla.
      Me sigue gustando la pareja protagonista, pero ya conozco sus traumas, ya supe lo que era "El desastre", y me apetecía más ver cómo avanzaban, a poder ser sin sumar traumas señor Dazieri, no los cargue demasiado o terminará por sucederme lo mismo.

     En conjunto me ha parecido entretenido. Diría que no llega a la altura del primero, pero estoy segura de que las valoraciones de aquellos que no hayan leído el anterior serán muy superiores, y es que, la mayor parte de la frescura que encuentra el lector en el primer títulos que cae en sus manos de esta saga, perece al repetirse comportamientos en el siguiente. Con todo, es entretenido. Lo cual, a veces, es más que suficiente.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas o preferís libros autoconclusivos?

     Gracias.

lunes, 15 de mayo de 2017

La mala hierba. Agustín Martínez


     "Quiero recordarte descansando sobre mi pecho, exhausta después de hacer el amor, y no como el barco que se hunde en un charco de sangre a mis pies.
     Lo intento con todas mis fuerzas; juro que lo intento."

     Leí Monteperdido hace casi dos años y me encantó. Tenía ganas de leer algo más del autor, por eso al ver este título tuve claro que no iba a tardar en leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La mala hierba.

    Estamos en Portocarrero, un pueblo perdido en el desierto de Almería. Allí conocemos a Jacobo, su esposa Irene y su hija adolescente, Miriam. La crisis ha sacudido a esta familia hasta el punto de obligarles a terminar en una desvencijada casa en mitad de la nada, junto a la familia de Irene, viviendo o malviviendo lejos de las comodidades y amigos a los que se habían acostumbrado. Ahora la vida es dura y Miriam lo acusa particularmente, como se hace con la rebeldía de quien entra en la adolescencia. Una noche en la que Miriam está fuera, unos intrusos irrumpen en la casa de Jacobo e Irene, armados y disparan al matrimonio. La mujer fallece y Jacobo casi, enfrenta´ndose a una durísima recuperación al despertar. Sin embargo, lo más duro de esa recuperación, será descubrir que todas las miradas se han vuelto hacia su hija Miriam, señalándola como responsable.

     Y todo esto que os cuento sucede en las primeras páginas, y será la forma de entrar en una claustrofóbica novela en la que la búsqueda de los responsable de lo sucedido esa noche, llegará a ser una obsesión. Es curioso hablar de claustrofobia cuando la novela se desarrolla en un paraje abierto y, sin embargo, es así. Los personajes están atrapados en mitad de la nada, con sus miserias y sus nuevos viejos vecinos que tienen unas vidas con años a las espaldas de amistades y rencores entre ellos. De ahí la claustrofobia de un lugar sin paredes que les atrapa como una tela de araña, ya que además el autor consigue convertir ese pueblo inventado en un personaje más de la historia, señalado una y mi l veces como responsable del carácter y las desgracias de los residentes. Y el lector lo cree, y descubre la hostilidad de Portocarrero en la mirada de cada uno de los residentes, en la forma que tiene de enseñar las uñas a los recién llegados y también al lector: esto será conocido como El crimen de Portocarrero, dice uno de los personajes en un momento dado en la novela. Y el lector asiente, porque es justo lo que estaba pensando.

     Agustín hace un trabajo fantástico a la hora de perfilar al puñado de personajes que componen la historia. Pronto los conocemos a todos y vamos descubriendo sus secretos, mientras aparece la abogada, Nora, como agente externo y mirada nueva que no tarda en descubrirse ante el lector como no tan nueva en estas lides. Todos áridos, como el desierto en el que viven, como Portocarrero. Como el fuego que arde para quemar una plaga. Como la forma de narrar del autor, que no tiene piedad ni cariño hacia sus personajes. Y nosotros, tampoco.
     De esta forma avanzamos en una narración que da pequeños saltos en el tiempo dejando piezas sueltas con las que componer un puzzle escalofriante sobre un suceso que tenemos presente en cada página. El padre angustiado, la niña señalada, los vecinos recelosos, la madre muerta... todos ellos parecen mirarnos mientras sus verdades se rebelan esperando que otorguemos el veredicto descubriendo qué sucedió realmente aquella noche. Y eso hacemos, giro tras giro, sin sorpresas sacadas de la chistera de un mago, con los pies en el suelo, pero sin dejarnos indiferentes, descubriendo flecos hasta cerrar la trama de una manera sólida.

     La mala hierba me ha gustado. Mucho en realidad. Iba sin conocer demasiado, apenas la sinopsis, y con el buen recuerdo de Monteperdido. Son novelas diferentes aunque tengan muchos puntos comunes. El principal es el buen hacer de su autor. Dicen que un escritor se la juega en su segunda novela, que es en la que demuestra si la primera fue suerte. Bien, en ese caso Agustín Martínez deja claro que tiene mucho que contar. Y yo espero que así sea.

     Y vosotros, ¿Con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 12 de mayo de 2017

Ilustres raperos. David Foster Wallace, Mark Costello


     "¿Qué derecho tienen dos yuppies blancos a intentar hacer un muestrario de lo que es el rap?, se preguntaban David Foster Wallace y Mark Costello antes incluso que el lector. Eso es disparar rápido, maan."

     Si digo a estas alturas que me gusta David Foster Wallace, no estoy descubriendo nada nuevo, así que leer este libro era solo cuestión de tiempo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ilustres raperos.

     Ilustres raperos es una obra menor, de hecho la primera de David Foster Wallace. Es un ensayito escrito con Mark Costello, compañero y amigo de la universidad justo antes de comenzar su doctorado. Ambos eran dos jóvenes en la veintena y DFW, que ya se había intentado suicidar una vez, aún no había escrito La broma infinita ni era el autor de culto en que se convertiría después. Sin embargo, en esta época, los dos estudiantes eran dos blancos de clase media fascinados por una nueva música que emergía con fuerza principalmente desde las clases bajas, el rap.

     Cuando a un o le dicen que se dispone a leer un ensayo que habla de rap, lo primero que teme es enfrascarse en una suerte de tratado sobre la poesía de las rimas de estas canciones, o tal vez una mirada al microscopio de cada una de las letras y la significación social de la denuncia que exponían (seamos sinceros, poco se esconde en el rap, ya que se  vomita cada palabra). O peor aún, la pantomima de dos estudiantes que mueven la cabeza al ritmo de una música que no comprenden pero sobre la que van a escribir porque es "cool" y ellos quieren ser "dope", si me permitis el uso de alguna palabra propia del género musical al que se refiere el libro.
   
     Ilustres raperos es un ensayo muy ligero que puede leer cualquiera incluso sin estar familiarizado con el estilo musical. Le ha faltado, quizás, un poco de profundidad a la hora de comentar sus orígenes. No ya los de las letras, sino el de las propias formaciones de las que hablan. Por lo tanto, y precisamente por eso es apto para cualquiera, este libro no deja de ser el testimonio de la fascinación de dos jóvenes por un tipo de música que defienden por valor y ritmo y sonoridad, como se defienden las cosas a una edad temprana y que les lleva a indignarse con aquellos que se vendieron a la industria por un puñado de dólares. Aerosmith es un ejemplo de esto que digo, a quien critica duramente. El libro es interesante, y lo es no solo por lo que nos aporta de este estilo musical, sino también por el recorrido que hace al momento social en que se escribe. Los noventa llaman a la puerta y es un momento que hoy nos queda atrás en muchos sentidos, pero también es lo que nos permite conocer un poco mejor a los firmantes y el círculo en el que se movían en aquellos tiempos. Porque no solo conocemos un poco de la música, sino también mucho de aquellos dos jóvenes autores.
     Ilustres raperos no es un tratado sobre el rap simplemente, entre otras cosas porque por mucha fascinación que se tenga por una música, hace falta mucho más para considerar a alguien un erudito, y también porque a DFW le falta la fuerza que encontraríamos después en gran parte de su obra. Y sin embargo merece la pena y mucho la lectura. Una lectura que nos provocará una sonrisa cuando veamos su indignación ante la forma de venderse un estilo de música y de vida, y leamos esa indignación mientras por la radio suena ese hip hop terrible al que ha dado lugar como evolución (o involución, esto es al gusto de cada uno) este estilo musical que tan fervientemente defiende el autor. Estas dos visiones, la de DFW y la de Costello, se complementan a la perfección en un libro que no esquiva temas como el racial, incluso en un momento en el que los blancos escuchan un tipo de música que tararean cuando la letra no es conveniente. Dando así un reflejo de la hipocresía, que sigue siendo actual, de quienes escuchan reivindicaciones, asienten con la cabeza, y pasan de largo.

     En su conjunto, Ilustres raperos me ha parecido un libro muy interesante que hará disfrutar a cualquiera. Pero particularmente a quienes guste la música, el rap o DFW. Y a este último le diría que su rap explicado a los blancos... está explicado por blancos. Y tal vez esa sea la mayor virtud de este título, pero también puede ser su mayor defecto. Eso ya es cuestión de opiniones y expectativas.

     Ensayo como género literario es una palabra mayor, suele echar incluso atrás a muchos lectores. Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con los ensayos?

     Gracias.

     PD.  Me encanta el desparpajo y la originalidad de Malpaso a la hora de hacer promo de sus libros, de animar a la gente a leer. Considero que han aportado una frescura que hacía mucha falta en el mundo literario. Os dejo como muestra su promo para este título.


jueves, 11 de mayo de 2017

Media vida. Care Santos


     "-¡Entra de una vez o empezaremos sin ti!
     Julia se introdujo casi reptando en la tienda hecha con sábanas que sus cuatro compañeras habían levantado entre las camas del dormitorio compartido. La llama de la vela central tembló, como saludándola. Buscó dónde sentarse, y Lolita, que siempre estaba atenta a todo, le hizo un hueco a su lado."

     Llevo años fiel al Premio Nadal, espero su resolución y también comparto su lectura con un par de amigos que son habituales. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Media Vida.

     Conocemos a Olga, Marta, Lolita, Nina y Julia cuando son niñas. Hijas del 36 las conocemos en 1950 ya adolescentes, amigas y estudiantes en un internado, mientras juegan una última noche a un juego de prendas. En parte por la vida y también por lo allí sucedido, sus caminos se separan, y tendremos que esperar a 1981 para ver cómo se reunen otra vez, poniéndose al día de sus vidas, y también de lo sucedido aquel día.

     "Care Santos ha escritor una novela para mujeres", han dicho muchas voces al leer este libro. Y en realidad dudo que eso sea cierto. Care ha escrito una novela en la que ha buscado homenajear a toda una generación de mujeres. Esas que son hijas de una época y adultas de otra tan diferente, que les puede llegar a desconcertar, mujeres que pueden ser hoy sus lectoras, o las madres o abuelas de dichas lectoras. Por eso conocemos a cinco mujeres tan diferentes: mujeres que van desde el ama de casa feliz de su papel, hasta la mujer triunfadora con un puesto más que envidiable. Mujeres dispares que tuvieron un punto de inflexión en sus vidas una noche hace ya muchos años, que no se han visto en décadas, y que, a medida que cogen calor, muestran que tienen en común pertenecer a una misma generación. Y así nos lo va mostrando la autora que, tras un comienzo impactante, va dando las versiones de cada una de ellas sobre la vida. Una vida en la que nos incluye, al medirla en sucesos de sobra conocidos. Estas mujeres, por ejemplo, comentarán la inminente boda del príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Dí, y desconocedoras de los resultados del enlace, harán sus cábalas al respecto. La música será otro de los elementos utilizados por la autora para contextualizar la novela en un pasado bastante reciente, ayudando así al lector a ubicar esa época de transición recién vivida y de sociedad que atraviesa cambios permanentes, un año, el 81, en el que el divorcio se aprobó en una ley sonada en nuestro país. Y lo vieron mujeres educadas en papeles severos y conservadores que, muchas veces, asistían desconcertadas a estos movimientos.

     Así es la novela que nos presenta Care Santos en la que hay dos momentos cumbres pasado el comienzo y que no desvelaré salvo que uno está hacia la mitad de la novela y el otro es el esperado final por el lector. Un final que me ha resultado un tanto precipitado en una novela extensa en la que, creo yo, no hubiera costado tanto darle unas cuentas páginas más a esta parte. En cuanto a los personajes principales, tengo que decir que es la parte que más me ha hecho reflexionar del libro, algo sucedía para que mi relación con ellas fuera ambigua, sin importarme demasiado. Al final y tras releer un par de partes, he tenido la sensación de que en su búsqueda de que cualquier mujer pueda encontrar al menos una parte de su reflejo en ellas, Care ha descuidado darles una marcada identidad a cada una, salvo tal vez a Julia. Eso provoca que con unos perfiles estupendos, no terminemos de encontrar carácter, demostrando que la profundidad y la vida, son conceptos que a veces se resisten a la pluma más certera. Una pluma que, tengo que reconocer, me ha gustado más en otros títulos pese a que mi percepción sobre este ha mejorado al reposar.

     Media Vida no es una novela para mujeres, es una novela sobre mujeres. Sobre madres, hermanas o abuelas que todos tenemos. Y lo hace en una historia que habla de la memoria y también del perdón ya sea dado, pedido o negado y la importancia que tienen para la vida.
Me ha parecido una novela fácil de leer, de esas en las que avanzas sin darte cuenta y para cuando quieres hacerlo estás en las páginas finales. Quizás un poco limitada en algunos puntos, pero realmente entretenida.

     El Premio Nadal cuenta entre sus títulos con libros como Nada que son inmejorables, a los que no movería ni una coma, y que no me canso de recomendar. Por eso os pregunto, ¿hay algún título de los que engrosan la lista de premiados que recordéis especialmente?

     Gracias.