jueves, 22 de junio de 2017

La luz de la noche. Graham Moore


     "El día en que conocería a Thomas Edison, Paul vio a un hombre arder en el cielo de Broadway.
     La inmolación ocurrió a última hora de la mañana de un viernes."

     Siempre me han interesado las novelas que tratan sobre ciencia, y siempre he pensado que es un mundo que está poco aprovechado literariamente. Por eso me atrajo tanto esta novela y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La luz de la noche.

     Conocemos a Cravath, jovencísimo abogado prodigio contratado por George Westinghouse para defenderse del imperio eléctrico de Thomas Edison. Llega a una reunión con Edison y lo primero que encuentra en su camino es una electrocución, y con un Edison abiertamente hostil. Hay un frente abierto, por un lado Edison quiere defender su patente, por otro Westinghouse, quiere mejorar ese invento y exportarlo a todas las calles terminando de ese modo con la oscuridad nocturna en Estados Unidos.

     Hay épocas que parecen concebidas con la capacidad para ser noveladas, y una de ellas es finales del siglo XIX, Un momento en que los avances científicos cobraron velocidad gracias a la confluencia de unas cuantas mentes brillantes, que provocaría profundos cambios en el mundo a velocidad de vértigo. Quizás por eso, me gusta más el doble sentido que se le pude aplicar a esta novela en su título original, The last days of night.

     Moore aprovecha la época y se lanza con una novela de ficción histórica en la que no solo rivalizan Edison y Westinghouse por conseguir su objetivo, también lo hace Edison con el joven abogado que, al igual que él, parece vivir alimentándose de las victorias. En esta novela, en la que iremos dudando de quién existe y quién no, de qué sucedió realmente y en qué momento entra la pluma del autor para cambiar la historia, todo parece tejerse a ritmo de thriller con muerto en la primera página incluido, mientras se encadenan sucesos que bien pudieran por separado, tener sus propias historias. Y así es como descubrimos hechos que han quedado en el olvido o que, tal vez, directamente desconozcamos.
     Desfilarán además personajes como Tesla, y descubriremos no sin asombro que, pese a que la bombilla es patente de Edison, Westinghouse la mejoró e intentó patentar y de como ya en aquellos años, las demandas millonarias que ponían por valor de mil millones de dólares. Viajaremos descubriendo intrigas alrededor del término AC/DC (como el famoso grupo), lucha en la que veremos que entra, aunque no como contendiente, las sentencias a muerte.Nos tropezaremos con universitarios ilustres, alguno de los cuales colaboró en la educación de esclavos libres, descubriremos romances más que famosos y financieros cuyo nombre sigue sonando en nuestros oídos y, más aún, en la memoria más reciente. Moore deja clara su fascinación por la época y también por el carácter de los llamados genios en cada una de sus palabras, contagiando al lector que cae sin remedio fascinado ante los hechos que el libro nos relata. Tanto es así, que uno desearía poder asomarse a la época para ser testigo real y no dudar de la frágil barrera que se establece entre realidad y ficción. Porque hay cosas que dudamos, sí, pero quizás la mayor incredulidad es el momento en el que toca comprobar lo sucedido realmente, y descubrir que es mucho más de lo que hubiéramos esperado. Casi como si el autor hubiera querido decirnos como broche "amigos, siempre se ha dicho que la realidad supera la ficción, y ahora os voy a demostrar por qué", lo cual me lleva a pensar en la enorme cantidad de documentación que habrá tenido que reunir Moore para montar esta historia.

     La luz de la noche me ha gustado, me ha parecido un libro muy entretenido del que además estoy segura recordaré un montón de anécdotas que desconocía. He disfrutado con su lectura, y me ha dado a conocer una faceta de Graham Moore, ya que hasta ahora, solo le conocía como guionista. Ha sido, y nunca mejor dicho, un descubrimiento (perdón por el chiste).

     Y vosotros, ¿os gustan los libros que mezclan realidad y ficción o sois más de elegir entre uno y otro?

     Gracias.



martes, 20 de junio de 2017

Las tierras arrasadas. Emiliano Monge


     "También sucede por el día, pero esta vez es por la noche. En mitad del descampado que la gente de los pueblos más cercanos llama Ojo de Hierba, un claro rodeado de árboles macizos, lianas primigenias y raíces que emergen de la tierra como arterias, se oye un silbido inesperado, cruje el encenderse de un motor de gasolina y desmenuzan la penumbra cuatro enorme focos reflectantes."

     Tenía curiosidad por este libro. Desde la primera vez que lo vi en la librería, algo me atrajo de él. Y han sido estos días en los que he viajado un poco, que he aprovechado para sumergirme en sus páginas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las tierras arrasadas.

     Conocemos a Epitafio y Estela, dos enamorados que viven al margen de la ley. Pero no es la suya una historia de amor en la que estar al margen de la ley provoque suspiros románticos. En realidad su amor es lo único humano que les vemos, ya que se dedican al tráfico de migrantes que pasan por México camino de Estados Unidos.

     Empezar a leer Las tierras arrasadas en zambullirse en el tono de la novela, directo, sin adornos, y a la vez hermoso. Posee esa doble cualidad que caracteriza a algunos libros que terminan ganándonos tanto por cómo nos relatan la historia como por la historia en sí. Y eso sucede con este, solo que además está plagado de frases de esas que caen como sentencias ante los ojos del lector obligándole a sacar papel y lápiz y anotarlas. Y aquí justo termina la parte hermosa de la novela, porque el resto es una pura pesadilla que ya intuiamos al saber en las primeras páginas, que tal vez sea culpa de una tal Cementeria, que Estela, "una mujer armada con pedazos de otros cuerpos", no duerma.
Las tierras arrasadas es una historia de tráfico de migrantes en un país del que sabemos que la violencia es algo que le viene marcando a fuego. Solo que esta vez no se trata de narcotráfico, no, Monge se mete en algo mucho más crudo para relatar esta terrible historia, que no por terrible deja de ser real. La historia de esas personas que son despojadas de voz, de individualidad, de humanidad, mientras van camino de un sueño. México convertido en "la gran tierra lacrimante" en este libro en el que la vida no tiene valor alguno, convirtiéndose en ese terrible camino en el que es casi peor que la muerte. Tal vez por eso se les otorga a estas personas sin nombre un coro, en forma de voz doliente de todos aquellos que no la tuvieron. Efectivo, mucho más que lo habitual y que pasa por crear la historia de dos de estas personas para dar voz al colectivo. Porque Epitafio y Estela, pertenecen al lado de los malos. Son dos bestias despiadadas que ejecutan su labor en esta suerte de holocausto moderno. Y ahí, en mitad de tanta abyección, surge el amor. Y Monge utiliza ese amor, ese sentimiento humano y bueno por excelencia, para hacer el retrato de sus dos personajes. Un amor puro que es usado como arma arrojadiza por el lector, que no consigue en ningún momento conceder siquiera el beneficio de la duda a estas dos personas. Y así, nos resiente incluso que sean capaces de sentir algo cuando llevan una vida que demuestra lo contrario, incluso nos enfada. Y el amor se convierte en aquello que nos demuestra que no son personas, ni siquiera bestias. ¡Qué difícil ha tenido que ser concebir un paso así! Y aún más ejecutarlo.

     Me ha gustado Las tierras arrasadas. Forma parte de esos libros que centran el foco en realidades incómodas que preferimos no mirar. Y lo hace sin el brillo del celuloide, sin buscar un héroe que todo lo arregle, porque las cosas son así, y así es como Monge las relata.Escalofriante. Necesario. Y además, un buen libro, potente.

     Ahora que se acercan las vacaciones, tengo curiosidad por saber si elegís algún tipo de lectura específica para este periodo.

     Gracias.

lunes, 19 de junio de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami


     "Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba maestro."

     No me suelen gustar las historias de amor, pero intuía algo más en esta novela. Por eso me atrajo. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El cielo es azul, la tierra blanca.

     Conocemos a Tsukiko na mujer soltera de 38 años que lleva una vida solitaria, sin amor. Un día se encuentra en una taberna a su maestro de japonés de la escuela y juntos comienzan a compatir vidas y soledades, experiencias: la mujer que se va, el compañero que se quiere acercar... sin saber que eso les va acercando a ellos.

     Resulta interesante que este libro esté escrito por una mujer ya que plantea situaciones peculiares de la sociedad japonesa. La protagonista es una mujer, por un lado liberada, que admite sin ningún problema su soltería, la pasión laboral sin importarle no tener tiempo ni ganas para el amor, y también su afición al sake que la lleva por tabernas en las que apenas comenta que haya mujeres. Una mujer liberada que se rebela contra algunos actos sociales, como el momento en que se turba al negar el acercamiento de un hombre de su edad, pero que sin embargo sucumbe al maestro con el que se encuentra. Sucumbe porque retrocede en todo lo ganado, y lo hace desde esa primera persona, ya que ella es la narradora. Desde los regaños mínimos, como el no saber servir la bebida, hasta temer ofender al hombre al que acompaña en un punto que oscila entre el respeto y el bajar la cabeza más que la mirada. Hay una suerte de rebeldía latente en la historia que lucha con el costumbrismo centenario que resulta francamente interesante.

     La novela en sí habla de esos encuentros que pasan por casuales y que tienen dos personas que parecen negarse la amistad que va aflorando entre ellos, ya que están acostumbrados a vivir en una soledad que reivindican pese a que ya dependan uno del otro. Dos personas que, narrado en la voz de ella, se añoran cuando están un par de días sin verse, y que descubren los sentimientos que pueden aparecer entre ellos, con más extrañeza que ilusión y, sobre todo, con mucha precaución, no sabemos muy bien si porque les asusta a ellos o porque temen asustar al otro. Y ello viene contado de la mano de Hiromi, que lo hace con las palabras justas, medidas como esos haikus que aparecen y desaparecen a lo largo de la novela. Da así la sensación de plasticidad, de hermosura en las letras, que parece ser habitual en la literatura oriental en la que el lirismo se desprende incluso de los títulos.
Una historia de amor, reza el subtítulo de esta novela. Y lo es. Quizás no al uso, no de la forma acostumbrada, pero si es una historia honesta. Más que del amor convencional, lo es del acercamiento, de las barreras, de los ciegos que ven y también de quienes no quieren ver, una historia de los primeros momentos y también de lo últimos, ya que la primera frase nos revela el final, inevitable, necesario. Porque hay historias de amor, que ganan al mirar atrás desde un futuro.

     El cielo es azul, la tierra blanca me ha parecido una novela hermosa, podría decir muchas cosas más, hablar de lo estático de algunas escenas, del ritmo lento, casi una cadencia, pero prefiero quedarme con lo hermoso que cuenta, y también en la forma de contarlo. Echad un vistazo, es diferente.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 16 de junio de 2017

Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb


     "Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llegó la respuesta: acaba usted de comprar una librería... Hemos pujado con un dinero que no tenemos, y por una librería que está en una ciudad que no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto."

     ¿Quién, de todos los lectores empedernidos que circulan y paran delante de este espacio, no ha soñado aunque sea en ficción, con tener una librería? Pues por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mi maravillosa librería.

     Petra Hartlieb es una mujer normal, con familia y perro incluidos en el lote, que un día se enteró de que un negocio se ponía a la venta y decidió pujar. Y así, casi sin darse cuenta, o al menos sin haberlo reflexionado fríamente, se vio con una librería en una ciudad ajena a la suya, una deuda y un montón de trabajo por delante. Y esta es su historia.

     Poco sabía yo cuando estuve en Hartiebs Bücher, en Viena, que tiempo después iba a leer su historia en este amable librito de Periférica. Y supongo que poco sabía su autora cuando visitaba la ciudad, que se iba a encontrar como poseedora de una librería que se ha abierto con los años un hueco en el tejido cultural de esta gran ciudad.

     Comenzaba diciendo, y es así, que casi cualquier lector empedernido ha fantaseado alguna vez con tener una librería y convertirse en una suerte de Mendel capaz de recomendar el libro perfecto a cada lector, o haber leído al menos cada título por el que le preguntan. Y esta es la historia de quien tuvo que hacer realidad ese sueño. Y no, no estamos ante uno de esos libros de amor a la literatura, o pan y libro, en la que solo importa la satisfacción de recuperar un incunable o conseguir tal o cual título. Esta vez de lo que se trata es del proceso para formar una librería, narrado de una forma amable y sin esquivar algunos temas periféricos para el argumento, pero vitales para la vida de cualquiera. Es fácil, supongo, contar la vida con una sonrisa cuando ha pasado ya todo, las luchas y, aunque no lo diga, las noches de insomnio y vértigo, y ese es justo el tono que decide adoptar Hartlieb en esta novelita. Desde la aceptación que relata un poco rápida, hasta el banco que les otorga el dinero sin problema, pasando por la mudanza, las noches en casas ajenas, y la ausencia de tiempo que dedicar a la familia (tema que no suele presentarse en los libros, pero sí en la vida cotidiana de cualquiera que trabaje), la autora parece no despegar la sonrisa del lápiz en ninguna de sus líneas. Da además, la dosis de realidad de quien busca empleados, y la literaria de quien deja nombres y alguna que otra anécdota con la que calmar la sed de esos lectores que se ven atraídos por este tipo de títulos como polillas a la luz.

     Pese a contar una historia real y poder visitar el lugar si se visita la ciudad, no he conseguido despegarme una cierta sensación de fábula, precisamente por ese tono que deja fuera disgustos y contratiempos serios que hubieran borrado el aire positivo de la historia. Y es esa amabilidad la que provoca que uno no se detenga en su lectura y, en mi caso, bucee en las carpetas de fotos hasta encontrar aquella en la que aparece en el interior de una librería que un día visitó y hoy, sin haber sido buscado, estaba leyendo.

     Mi maravillosa librería es una novela entretenida y amable para amantes, y no tanto, de los libros.

     Y  vosotros, ¿alguna vez habéis soñado con tener una librería?

     Gracias.

jueves, 15 de junio de 2017

Los milagros prohibidos. Alexis Ravelo


     "Pues no sé yo decirle por qué los llevamos tan lejos, donde a Moisés se le cayeron las tablas de la ley. Eusebio, el Manoabierta, dijo que teníamos que ir a Fuencaliente y hasta allá nos llegamos. Así de simple."

     Así empieza la última novela de Alexis Ravelo, un escritor que ha sabido pasar por distintos géneros y estilos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los milagros prohibidos.

     Nos situamos en el año 1936, Semana Roja, isla de La Palma. Allí conocemos a Agustín, un hombre que ha tenido que huir y que añora a su esposa Emilia, de quien está enamorado. También conocemos a Floro, el Hurón, un falangista enamorado de Emilia que decide aprovechar la situación para vengarse de Agustín por ser él quien la consiguiera.

     Con este argumento, y pese a que muchos nos llevamos las manos a la cabeza cuando intuimos la Guerra Civil en una novela, juega Ravelo a construir su última historia. Una historia en la que la Guerra es importante, pero solo como excusa para sacar lo peor y lo mejor de las personas, en la que tiene el acierto de mostrar como se utilizó el conflicto para sacar venganzas y rencores en muchos entornos. Y por eso, lo que nos deja es una historia de amor, por hacer un resumen rápido, que se ve acompañada de buenos figurantes, como la madre del propio Hurón, y vestida con una serie de episodios testimoniales para cargar de dramatismo los hechos relatados.
     Cabe destacar, una vez más, el uso de personajes llanos, los sobrenombres, la cercanía que busca en cada una de sus historias, como si el principal objetivo del autor fuera recoger las historias de la calle. Y también el cuidado a la hora de elegir las palabras, utilizando los coloquialismos y vocablos que mejor le combinan a cada personaje, lugar y época, usándolos de este modo, como un añadido a la ambientación de la novela.

     Me ha resultado curioso como, pese a tener todos su papel definido en la historia, no hay buenos reales ni malos absolutos. O si los hay, solo que el autor decide no emitir juicios de valor anticipados, y dar un poco de luz a esos esqueletos de armario que la mayor parte de las personas guardan celosamente y que son proporcionados por la vida sin que podamos evitarlo. Eso hace que, por ejemplo y con el permiso de Agustín, el Hurón se alce como el gran personaje de esta novela, junto con un secundario llamado Juan que daría para un buen rato de reflexión sobre ideas, ideales, momentos y vida. Todo ellos hace que, pese a tener que colgarle el cartel de novela histórica, y sabiendo que no me gusten las etiquetas porque acotan dejando fuera muchas partes de un libro, sean en este caso los personajes lo importante, y la historia en sí, un accesorio casi secundario. Reconozco que, en mi caso, quizás me hubiera gustado más un final un tanto diferente, menos efectista, pero es un buen remate para una historia que sirve tanto para quienes ya conocíamos las letras del autor, como para quienes buscan un título como primer acercamiento. Y sí, efectivamente, es una novela sobre la Guerra Civil, solo que tal vez, o al menos en mi caso, nos queden algunas cosas por saber sobre ese periodo histórico no tan lejano de nuestro país.

     Los milagros prohibidos es una novela francamente entretenida, que viene a engrosas la trayectoria de un escritor que se ha hecho un hueco en los estantes a golpe de letra.

     Y vosotros, si os digo Guerra Civil, ¿cuál es vuestra literaria reacción?

     Gracias.

martes, 13 de junio de 2017

El seductor. Jan Kjaerstad


     "Jonas Wergeland tenía una relación relajada con el sexo gracias a su familia. Y no se trataba de conversaciones forzadas y tontas sobre las abejas y flores, nada de eso, en esa familia se hablaba de un modo mucho más concreto. Todos los chicos tienen una chica mayor a la que adoran como a una diosa, su Brigitte Bardot local, o quien quiera que sea la que la época haya elevado a tal categoría. Jonas y Daniel tenían a su propia hermana, Rakel, una chica completamente fuera de serie. Con los seis años de ventaja que les llevaba, Rakel fue una ayuda inestimable para sus hermanos, una especie de rompehielos que les abrió un canal en el hielo por el que ellos podían navegar."

     Sabía que era el primer volumen de una trilogía, y también el más celebrado. Y me atraía por lo diferente, los premios, por no requerir continuar la saga y, por qué no decirlo, por la cubierta. Hoy traigo a mi estantería cirtual, El seductor.

     Conocemos a Jonas cuando regresa a Oslo de la Feria Universal de Sevilla. Le aguarda una terrible noticia: su esposa, ha sido asesinada. Un hecho terrible que abre y cierra esta novela, ya que, a partir de él, descubriremos la historia de Jonas quien es, como promete el título, un seductor.

     La figura del seductor siempre ha sido atractiva, tanto para ellas que caen en sus brazos, como para ellos que miran con curiosidad, desprecio o envidia. El caso es que nunca pasa desapercibida y eso provoca un atractivo especial a la hora de dibujarla como personaje. Y Kjaerstad lo sabe y no aprovecha presentándonos a un seductor que se hace a si mismo, con familia humilde y tía que disfruta de conocer y plasmar el sexo masculino en diferentes lugares (todos los lugares), influyendo así decisivamente en su sobrino y naturaleza laboral mediática. Un hombre que, como gran parte de los seductores, tiene mucho de buscador de mujer capaz de seducirle, sin que ellos signifique no no disfrute del camino, o que vaya a lograr su meta. Y para terminar de redondear esta figura, llega el narrador que se dirige de forma directa al protagonista, como si le estuviera contando la historia solo a él, y provocando con esta familiaridad que el lector haga suyas muchas de las reflexiones y percepciones que nos presenta. Entre otras, la visión del personaje femenino, que uno podría pensar que se limita al trofeo, cuando lo que hace es presentarnos a mujeres fuertes que ganan en atractivo y belleza a medida que suman carácter. Y es que El seductor no es una relación sin sentido de conquistas que va de la mirada a la cama; es en realidad una suerte de álbum de fotos desordenado que irán reflejando la vida, sentimientos y reflexiones de un hombre de clase ahora media o alta en un país como Noruega. La vida relatada de un hombre cuyo trabajo consiste a su vez en retratar las de otros, creando una suerte de paradoja en la que el protagonista bien pudiera ser el participante de su propio programa llevado al género escrito. Y conocemos al viajero y disfrutamos con anécdotas de todo tipo, algunas incluso ridículas como una que incluye a un oso, trágicas como un accidente terrible, u obvias, ya que a nadie le sorprende que en algún momento aparezcan los celos de quien se ve víctima colateral de una dama seducida.

     Me parece importante resaltar que nuestro protagonista no será motivo de juicio por parte del autor, protagonista o lector, dejando a cada cual que una este puzzle de escenas de una vida y decida si el principio, y también final de la historia es o no merecido para Jonas, ya que no para su esposa Margrete. Y a mi, personalmente me ha convencido en su búsqueda eterna. Creo que es un personaje logrado que despierta sentimientos claros en el lector, muy por encima de lo que hubiera pensado al leer la sinopsis. Me ha hecho reí y entretenido, que ya es mucho, y he descubierto a un escritor al que pienso seguir la pista, y que, además de una prosa excelente, ha sabido aprovechar los personajes que pasan por la vida del protagonista, y también por lo tanto por las páginas del libro, para hacer de él una novela redonda.

     Me ha gustado El seductor. Seguiré con la trilogía aunque, efectivamente, no es imprescindible hacerlo, lo cual es un alivio ya que he mirado en la web de la editorial y no parecen haberlos publicado.

     Y vosotros, en las trilogías, ¿las empezáis al descubrirlas o preferís esperar a que hayan sido todos publicados?

     Gracias.

     PD. Hoy os cuento el final, ya que el autor decide hacerlo con premura, aunque lo haré de un modo distinto. Y es que me gusta una frase que el narrador le dirige al protagonista, y es esta:

Creo en tí.

lunes, 12 de junio de 2017

El momento de la sensación verdadera. Peter Handke


     "¿Quién ha soñado alguna vez que se ha convertido en un asesino y que vive su vida acostumbrada sólo formalmente? Entonces, en el tiempo que aún perdura, Gregor Keuschnig vivía en París desde hacía unos meses como agregado de prensa de la embajada austríaca. Ocupaba con su mujer y su hija de cuatro años, Agnes, un apartamento en el distrito XV."

     Hace tiempo que le tenía curiosidad a este título, tanto por referencias como por comparaciones. Finalmente le ha llegado el turno y hoy traigo a mi estantería virtual, El momento de la sensación verdadera.

     Conocemos a Gregor Keusching, empleado de la Embajada de Austria en París, encargado de anotar la percepción que se tiene en los medios parisinos de su país, cuando se despierta una mañana tras un sueño perturbador en el que era un asesino. tras este sueño, Gregor saldrá a la calle con una percepción muy diferente del mundo que le rodea.

     Ya solo con esta pequeña referencia a la sinopsis, parece clara la referencia a La metamorfosis de Kafka. Incluso el nombre del protagonista alude claramente a aquel otro que se despertara convertido en un espantoso insecto. Y si embargo, una vez que el protagonista se levanta de la cama y se pone en marcha, incluso en su propia casa, cuando ahbla con su mujer expresando la ausencia total de sentimientos, a mi me ha recordado mucho más a la archiconocida La nausea. Keusching se mueve y sale a la calle, y observa un mundo que apenas reconoce, incluso no se reconoce a sí mismo al verse reflejado en el retrovisor de un taxi. Keusching sueña que es un asesino, y que aunque a partir de ese momento nada tenga sentido en su vida ya que se ha convertido en un monstruo, ha de vivirla igualmente fingida, disimulando. Y a lo largo de dos días en su conciencia despierta, parece vivir esa vida inventada que describe de forma cotidiana y minuciosa, bajo una sincera mirada que se llena de desgana. Llama además poderosamente la atención, como París, esa ciudad que tiende a eclipsar las novelas ambientadas en sus calles, queda deslucida, en un segundo plano, convirtiendo al lector en un perceptor secundario de las sensaciones de este Gregor moderno que parece deambular buscando un sentido mientras observa desmoronarse su entorno sin que lo vea siquiera de ese modo. Sin que nada parezca importarle, al menos hasta que avanzamos.

     En El momento de la sensación verdadera, es, en realidad, la historia de un hombre en su búsqueda del sentido. Solo que Handke no deja ajeno al lector que puede verse afectado por el relato y descubrirse observando su propio entorno con esa mirada que otros hubieran tachado de cínica. Y es que, el gran acierto del libro, reside en la falta de cinismo, en la veracidad de lo expresado y sentido en la mirada de Keusching.
    El resultado es una disgresión sobre la vida, un autodiscurso de un hombre insatisfecho o tal vez el discurso temido de quien prefiere no hablar en voz alta. En todo caso, ha sido una gran experiencia lectora. Aunque ahora cuando e tumbo en la cama, con los grazos sobre la cabeza y las manos entrelazadas bajo la nuca, no puedo evitar pensar en los pisos que hay sobre mi cabeza y el peso de las camas, laspersonas, los armarios... Y todo eso me produce una intranquilizadora sensación.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.